La lección más significativa para los gobernantes de América Latina en relación con la crisis económica norteamericana es el valor de la humildad a la hora de resolver problemas de la sociedad.
Los países latinoamericanos poseen estados en construcción. Aún nos encontramos en busca del modelo que mejor responda a nuestros proyectos políticos, realidades institucionales y contextos socioculturales. Hoy, casi tres décadas después de finalizadas las dictaduras, es meritorio que en el continente se privilegien modelos democráticos, como los procesos electorales que centran su atención en la ciudadanía, para garantizar la consecución o transformación de nuestros sistemas políticos, de nuestros proyectos de nación.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que las medicinas falsificadas representan un 25% del suministro total en los países menos desarrollados.
En todas las empresas, así se presenten los mismos problemas, se debe aplicar una solución diferente, que responda a los objetivos y necesidades específicas de sus accionistas. Los resultados de su aplicación son mucho más evidentes cuando se hace de manera preventiva, en la medida en que genera un amplio y seguro camino de crecimiento.
La emergencia de países como China, la India y Brasil testimonian los cambios en el orden geopolítico. Estados Unidos y Europa han integrado estos cambios en sus reflexiones estratégicas, pero no llegan necesariamente a las mismas conclusiones.
Hoy, a la herencia compleja de nuestras repúblicas imperfectas se suma algo mucho más grave: una acción pensada y dirigida por varios gobiernos aliados para acabar con la libertad de expresión.
La libertad de expresión es, en definitiva, la libertad que tiene toda persona para buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole, sin consideración de fronteras, y por cualquier medio.
Además de la amenaza gradual que representa la violencia física para quienes tienen la misión de informar a la sociedad sobre estos temas tan importantes, existen otras cuestiones que plantean serios desafíos para el trabajo de la prensa y el desarrollo de la libertad de expresión en América Latina.
Un siglo antes del triunfo de la revolución cubana, el filósofo inglés John Stuart Mill escribió lo que se convertiría en una obra clásica del pensamiento político: On Liberty (Sobre la libertad), algunos de cuyos pasajes alcanzarían para ofrecer un remedio ante tanta intolerancia frente a la libertad de expresión.
Sin más excepción que las dictaduras, los países latinoamericanos, siguiendo la tradición francesa, han incluido en sus constituciones declaraciones, cautelas y garantías sobre la libertad de expresión y de información.
La libertad de prensa trae consigo responsabilidades sociales, pues tanto los periodistas como los medios están obligados a informar de manera transparente, veraz, con conciencia del poder que tienen, pero sobre todo, con ética profesional.
Basta examinar la historia del siglo XX venezolano para apreciar que la patria de Bolívar conoce apenas de manera muy precaria lo que es la democracia liberal.