Los emprendedores redirigen todo el tiempo los factores de producción hacia la creación de bienes y servicios que son más útiles a la sociedad.
Gran parte de las contribuciones de la Escuela Austriaca de Economía, una de las tres escuelas que produjeron la revolución marginal en el siglo XIX, se han ido introduciendo recientemente y en forma paulatina en el campo académico. Entre sus muy variados aportes, quizás el más significativo tiene que ver con la importancia que le da a la función de emprendimiento del empresario. Es dicha función –aseguramos los seguidores de esta escuela– la que guía los procesos de producción que ayudan a satisfacer las necesidades y deseos de los consumidores, por lo que aquella función es la que explica la dinámica de la economía, y cómo aumentan la productividad, la riqueza y el bienestar.
Para entender la función empresarial es necesario comprender primero que vivimos en un mundo con incertidumbre, que nos desenvolvemos en un entorno donde no es posible prever lo que nos deparará el futuro. En razón de aquello los empresarios capitalistas no hacen más que especular, tratar de pronosticar las condiciones futuras con base en la información de la que disponen, asumen riesgos y sufren las consecuencias de sus decisiones acertadas o equivocadas.
El emprendedor invierte en la adquisición de factores de producción, con la expectativa de que el producto que surja de éstos lo venderá en el futuro a un precio que le permita obtener una ganancia. Si la decisión que tomó fue la adecuada, significa que hizo un mejor uso de los recursos que utilizó, hasta entonces subvaluados, y es recompensado por los consumidores a través de una mayor demanda. Pero si el empresario se equivocó en el uso que les dio a los recursos, quiere decir que los malgastó y deberá soportar las pérdidas de su fallida actuación, de esta manera, el mercado (el público) le está diciendo que el uso del recurso en la forma propuesta era ineficiente.
Los emprendedores, por tanto, están redirigiendo todo el tiempo los factores de producción hacia la creación de bienes y servicios que son más útiles a la sociedad. Para ser empresario emprendedor no se necesita obligatoriamente haber cursado una carrera, pero sí se exigen ingenio, imaginación, perspicacia, tenacidad, liderazgo, valor para asumir riesgos, honestidad y dignidad. Ellos están alerta ante las oportunidades y trabajan para lograr sus objetivos aun cuando las condiciones sean adversas, si bien en estos casos las probabilidades de éxito disminuyen.
Esta capacidad emprendedora tampoco está presente sólo en aquellos que disponen de un gran capital, sino que tal función la cumplen tanto el pobre campesino, que recibe un préstamo de una cooperativa para iniciar una pequeña actividad agrícola, como el rico empresario que decide arriesgar en la fabricación de un nuevo y sofisticado aparato electrónico. Todos ellos realizan en mayor o menor medida la función empresarial, y son estos emprendedores el combustible que mueve al mundo. Ellos han hecho posible que gocemos de altos estándares de vida como nunca antes se había visto.
Sin embargo, a pesar de la importancia que tienen los emprendedores, la ideología imperante en muchos de nuestros países ha convertido a este hombre de negocios en una figura cada vez menos tolerable, tanto por razones económicas como éticas. La palabra “empresario”, que describe a esta persona que cumple las características antes mencionadas, lamentablemente ha sido desacreditada por quienes deciden invertir parte de su “capital” en obtener privilegios del Estado, satisfaciendo las necesidades de los gobernantes en lugar de enfocarse en la satisfacción de las necesidades de los consumidores. En estos casos, las “ganancias” no son el resultado de la eficaz competencia en el mercado sino de lograr su restricción por los medios mencionados. Este mercantilismo vuelve a las transacciones de intercambio en relaciones de suma cero, es decir, la ganancia de estos “empresarios” es la pérdida que sufren el resto de miembros de la sociedad, quienes pagan más por los productos y en muchos casos éstos son de inferior calidad.
La importancia del entorno económico favorable
Pero sin duda el mayor obstáculo que afrontan los empresarios en nuestras economías no radica en su descrédito ante la sociedad solamente, sino en la falta de un ambiente idóneo para hacer empresa.
Ecuador, por ejemplo, se caracteriza por un alto grado de inestabilidad política: en el periodo comprendido entre 1996 y 2007 ha tenido ocho presidentes, razón por la cual carece de políticas que faciliten el comercio con otras naciones. El gobierno participa en la economía con más de 200 empresas en las áreas de agricultura, comunicaciones, energía, finanzas, industria, minería, almacenamiento, transporte y turismo. Muchas de estas empresas son ineficientes, producen pérdidas y están afectadas por la corrupción. El sistema jurídico es débil y no protege adecuadamente los derechos de propiedad, está altamente politizado y sujeto a corrupción. Si bien se supone que los derechos de propiedad están protegidos por la legislación, el mecanismo de hacer cumplir la ley es débil.
El gobierno interviene en la fijación de los precios de la electricidad, gas de uso doméstico, teléfonos y subsidios al transporte, al igual que en el banano, café, cacao, productos farmacéuticos y combustibles. Dado que estos son una parte importante de la producción del país, los controles tienen un efecto significativo en la economía. Además, el gobierno establece periódicamente los salarios mínimos en consulta con la Comisión de Salarios. En marzo de 2008 desapareció en Ecuador la figura de la tercerización laboral y el trabajo por horas, volviendo al sistema laboral extremadamente rígido.
Por último, en apenas tres años del actual régimen se han implementado tres reformas tributarias, cada una con el fin de incrementar la carga de impuestos sobre los contribuyentes. Ante este escenario, no es de extrañar el escaso nivel de desarrollo que ha tenido esta nación.
Libertad económica y desarrollo
Vale la pena aclarar que en Ecuador, como en cualquier nación del mundo, hay un sinnúmero de potenciales emprendedores, pero infortunadamente la legislación y un ambiente político adverso impiden que la mayoría de ellos surjan y prosperen. La buena noticia es que el ambiente para hacer negocios es algo que puede mejorar.
Todas las variables antes mencionadas, y algunas otras más, aparecen y se evalúan en lo que denominamos Índices de Libertad Económica, como el Economic Freedom of the World, del Instituto Fraser de Canadá. La libertad económica es el resultado de analizar el marco institucional y los efectos de las políticas del gobierno sobre la actividad económica del país. A mayor libertad económica, mayor prosperidad, como lo demuestran los países de América del Norte, algunos países de Europa, varias naciones asiáticas, y Chile, Colombia y Perú en este hemisferio.
El Índice del Instituto Fraser se elabora con base en el estudio de cinco áreas que ubican a los países como económicamente libres y económicamente controlados. Estas áreas son :
- Tamaño del gobierno en la economía
- Estructura legal y seguridad de los derechos de propiedad
- Estabilidad monetaria
- Libertad de comercio exterior
- Regulaciones sobre el crédito, trabajo y negocios.
La libertad económica está altamente relacionada con el ingreso per cápita y el crecimiento económico, pues ésta libera los impulsos creadores y fomenta la función emprendedora de los individuos para crear riqueza y prosperidad.
Conclusiones
Es invaluable la labor que realizan los emprendedores, pues han hecho posible que millones de personas alrededor del mundo disfrutemos de un nivel de bienestar como nunca antes se ha conocido. Gracias a ellos la esperanza de vida ha aumentado, tenemos acceso a mejores y variados bienes y servicios, el acceso a la información es mayor merced a internet y los avances en las telecomunicaciones nos permiten conversar en tiempo real con nuestros familiares al otro lado del mundo.
Desgraciadamente a pesar de su importancia, la tarea que realizan los empresarios emprendedores se ve limitada por la incursión cada vez más intensa del Estado en las actividades económicas. Mayores regulaciones, más impuestos y la falta de seguridad jurídica impiden el desarrollo de la economía de mercado. Esto explica por qué aún hay muchas personas que no han logrado elevar su nivel de vida.
Para salir del atraso y superar la pobreza, requerimos mejorar nuestra libertad económica haciendo simultáneamente las reformas institucionales que se necesitan en los factores a los que nos hemos referido. De esta manera, se maximizará la función emprendedora de nuestra gente para crear bienestar y progreso.